La lectura y el discurso a largo plazo
Curiosa inversión de las relaciones entre lectura y realidad. Cuando la vida era corta, necesitada e incierta, como ocurría antes del Estado de bienestar, solo las lecturas largas, constantes y duraderas permitían domesticarla y controlarla a voluntad, sometiéndola a reglas programadas previsibles de antemano. De eso se encargaba la práctica de la lectura, que adiestraba a los sujetos en el espíritu letrado tras hacerles incorporar el hábito lector.
Pero tras el advenimiento de la sociedad posindustrial, la lectura de la vida ha invertido su signo. Hoy los sujetos están duraderamente asegurados por su familia o por el Estado, y la práctica de la lectura ha dejado de ser una inversión productiva (un hábito rentable) para convertirse en un consumo gratuito entre otros (véase la música y el cine en la Red): un pasatiempo tan fútil y banal como hacer crucigramas o sudokus, esas ociosas microescrituras. Lo cual ejerce imprevistas consecuencias sobre la realidad.
Vía: Lecturas en corto y ruido en la Red | ELPAÍS.com, de Enrique Gil Calvo
Todo el artículo me ha parecido una reflexión muy digna de consideración dado que el aprendizaje del lenguaje en la infancia también determina la manera en que relacionamos conceptos.
2 years ago