El escritor en la plaza pública
Pero la gran diferencia entre la literatura y estos otros órdenes inventados para enfrentar el caos de lo vivido, según explica Magris en uno de sus más sutiles y persuasivos ensayos incluido en su libro La historia no ha terminado, ‘Laicidad, la gran incomprendida’, es el carácter “laico” de aquella, un conocimiento no sectario ni dogmático sino crítico y racional.
Laico no significa enemigo de la religión sino ciudadano independiente, emancipado del rebaño, que piensa y actúa por sí mismo, de manera lúcida, no por reflejos condicionados: “Laico es quien sabe abrazar una idea sin someterse a ella, quien sabe comprometerse políticamente conservando la independencia crítica, reírse y sonreír de lo que ama sin dejar por ello de amarlo; quien está libre de la necesidad de idolatrar y de desacralizar, quien no se hace trampas a sí mismo encontrando mil justificaciones ideológicas para sus propias faltas, quien está libre del culto de sí mismo”. ¿Qué mejor manera de decir que la literatura contribuye de manera decisiva a formar ciudadanos responsables y libres?
Fuente: Mario Vargas Llosa El escritor en la plaza pública | ELPAÍS.com 091213
Leyendo el artículo me he acordado de las realidades que también vivimos en el ciberespacio, que forman parte de nuestras vidas tanto como las realidades literarias que nos han acompañado desde hace varios siglos.
2 years ago