El segundo error cometido ayer por Rajoy afecta directamente al funcionamiento de la propia democracia. El líder popular prohibió «hacer declaraciones públicas sobre asuntos que son internos del partido» y amenazó: «no se puede repetir nunca». Rajoy tendría que aclarar por qué considera que los debates sobre Caja Madrid o el caso Gürtel son asuntos internos, ya que se trata de cuestiones de indudable relevancia pública. Pero también tiene que precisar a qué se refiere con «criticar», ya que alguien podría interpretar que trata de amordazar a todo el PP, vulnerando principios garantizados por la Constitución en lo que se refiere a la libertad de expresión y al funcionamiento democrático de los partidos. No queremos pensar que Rajoy pretenda convertir al PP en una secta donde no se permite la discrepancia, a imagen y semejanza de lo que anunció el día anterior Francisco Camps en Valencia. Al contrario, lo que tal vez necesite el partido sea un debate interno más vivo y sincero en todos sus órganos de dirección. Seguramente Rajoy está satisfecho de este puñetazo encima de la mesa, pero se equivoca si cree que hay un antes y un después de este comité. Hay problemas de fondo que siguen ahí.
Editorial | El Mundo 091104
2 years ago