“¿Los jóvenes optan por el funcionariado porque realmente están motivados o porque existe una motivación extrínseca?” se pregunta Alfons Cornella, de Infonomia. Y se responde: “Los jóvenes están sumergidos en un pesimismo extrínseco, no porque quieran, sino porque el mismo entorno les empuja. Aquí el extrínseco se nos come, es como un negativismo total”.
Cornella, cuyo lema es Cada día, una nueva idea, sostiene que existen dos tipos de motivaciones para que la gente se mueva, opte por el cambio y salga de su apalancamiento: las extrínsecas y las intrínsecas. Las primeras representan los estímulos del entorno social, que en estos momentos son claramente negativos por la crisis económica, mientras que los segundos corresponden a los retos personales.
Y es aquí donde las diferencias entre el mundo anglosajón y el latino están más acentuadas. En España, comenta, “el estado mental social nos determina más que el estado mental personal” porque las motivaciones extrínsecas son la familia, los amigos, la fiesta y la diversión. En cambio, en Estados Unidos por ejemplo, el emprendedor tiene la consideración de héroe y se dice a sí mismo: “Tú puedes conseguir riqueza mediante el esfuerzo con independencia de lo que piense el entorno”. En 2008, los únicos países europeos que incrementaron el número de trabajadores autónomos fueron los bálticos, Finlandia (10,6%), Noruega (3,5%) y Dinamarca (2,9%); y los centroeuropeos, Croacia (10,9%) y Eslovaquia (10,2%). Mientras, España ha perdido el 2,8% frente a Suecia, que lo hizo el 0,1%.
Dos elementos influyen en esta especie de adormecimiento y de escaso riesgo del latino: el miedo al fracaso y al qué dirán. En la cultura anglosajona el fracaso se valora como un paso previo hacia el éxito porque las empresas fallidas aportan experiencia y capacidad para no cometer los mismos errores. Como señala Cornella: “Del miedo al fracaso se pasa al miedo al riesgo. Y sin riesgo no hay innovación, no hay futuro”. Y el qué dirán corresponde a esa influencia del entorno extrínseco de la familia y los amigos tan negativo. “Aquí el go west no funciona”, agrega.
Otro ejemplo, mientras en Estados Unidos los estudiantes eligen las mejores universidades con independencia de la ciudad en que se hallen, en España se elige casi siempre la universidad de la esquina. Bien cerca del nido familiar. Otro tanto sucede con la escasa movilidad geográfica a la hora de buscar un empleo.